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Agalma : Revista de psicoanįlisis y cultura  
 
  LO REAL, LO SIMBOLICO Y LO IMAGINARIO. DE UNA ESTRUCTURA CON TRES REGISTROS A LOS TRES REGISTROS COMO ESTRUCTURA. 17-12-2018 07:43 (UTC)
   
 

Carlos Bermejo Mozas (Barcelona)*

Lacan comienza su andadura de enseñanza, en posición de analizante, con una conferencia: “Real, Simbólico e Imaginario”. No incluyó dicha conferencia, en sus escritos por alguna razón que desconozco. Quizá la articulación entre los registros era demasiado cerrada. En ella aparecen además tres operaciones: imaginarizar, simbolizar y realizar. También termina su obra 30 años después, “cuando se le caen las cuerdas de la mano” interrogándose sobre los mismos registros y su relación con el tiempo. En medio, un inmenso recorrido de rigorización, basándose en 3 herramientas: la lógica, para avanzar en el inconsciente y lo real; aspectos de la lingüística, para el estudio del lenguaje y la tópica simbólica; la geometría, para el estudio del “espacio” o del aparato psíquico que Freud nos legó. Éste ya utilizó modelos de lenguaje y palabra (“Proyecto…”); tópicas para el aparato psíquico (“Interpretación de los sueños..”, “El yo y el Ello”…); lógica (“Die Verneinung”, “Las pulsiones y sus destinos”). Con dichas herramientas avanzaba y tropezaba, y eran éstas últimas las que, junto con la clínica, avisaban de cuando algo no funcionaba bien. Por ejemplo: la termodinámica, unida con la clínica del masoquismo, avisó a Freud de que el modelo energético libidinal no iba bien, y por eso pasó a “Mas allá del principio del placer”. Clínica, método y herramienta se articulan siempre.

 Ya desde “Función y Campo….., de la palabra y del lenguaje” aparece el intento de articular el espacio de lo simbólico. La palabra como función, pero ¿sobre qué? Sobre un campo (a traducir semánticamente por cuerpo) de letras. Lacan no pensó que los números y su topología fueran la mejor manera de abordar lo real ni lo imaginario desde lo simbólico. Prefirió, a diferencia de la ciencia, ya que tenía la tesis del lenguaje, partir de las letras y su topología (“Seminario de la carta robada”), y sobre dicha topología (basada en la obra de Poincaré) construir nuestra aritmética (“la instancia de la letra”); un cuerpo de letras con dos operaciones: metáfora y metonimia.

Antes nos había escrito su álgebra, que nos presenta, con la elegancia de  Faraday o Maxwell, con tres ecuaciones en el seminario 5.

 ¿Cómo situar las diferentes tópicas Freudianas: narcisismo, inconsciente y pulsiones? (Espejo, cadena y circuito). Las dos primeras las sitúa en “La cuestión preliminar…”, mediante un plano proyectivo, con dos triángulos y su encuentro. Una superficie cerrada y no orientable (unilátera) permite diferenciar y mantener como iguales el deseo y la realidad. También permite pensar 3 círculos distintos como negaciones. Con uno de ellos, ocho interior, se sitúa sobre él la repetición sin que el espacio se rompa (desconexione) abriéndonos la posibilidad de abrir una ventana a lo real que queda como exterior absoluto. Tenemos situado así el aparato psíquico con 2 registros dentro, más la realidad y lo real como exterior. Sobre el plano proyectivo se coloca el campo (no cuerpo) de los objetos y las identificaciones como un campo vectorial. Es lo que llamamos el 2+1. ¿Y el tiempo? Es la apertura y cierre de la banda de realidad.

 No quisiéramos olvidarnos de recordar que en un plano proyectivo se realiza lo que se conoce como geometría proyectiva, a medio camino entre la geometría métrica y la topología. En dicha geometría se conserva, en cada transformación, una cierta razón: razón doble. Un caso particular es la media y extrema razón, utilizada por Lacan para visualizar: que en la relación al Otro, temporalizada y seriada, las operaciones deben seguir un patrón – la significación fálica. Entonces la serie tiene límite, converge, y es la serie de Fibonacci (“Seminario 17”). El sujeto concluye y no deriva.

 Dados el cuerpo del lenguaje y la estructura de la letra base del lenguaje, ¿qué faltaba? La estructura de la palabra: el grafo del deseo. Es la estructura de la palabra, hablada en el piso del enunciado y escrita en el piso de la enunciación - y dialectizadas. Con dicho grafo, y dando respuesta a las antinomias de Russell y del mentiroso, Lacan nos presenta la primera articulación de los registros, visualizados como cadenas, mediante la metáfora (teoría de la significación y no del sentido), pero primero ha tenido que desdoblar lo simbólico en dos cadenas y lo imaginario en dos cortocircuitos. Por el contrario, lo real (pseudo-cadena de la demanda) queda aún sin desdoblar. El tiempo es entonces: el tiempo lógico para la cadena del enunciado, y el tiempo del fantasma. Para la cadena de la enunciación es el tiempo dela pulsión. Dialéctica que articula el tiempo de la identificación con los tiempos del fantasma y la dialéctica pulsional.

 La obra prosigue; en el “seminario de la angustia” trabaja el desdoblamiento de lo imaginario. Después del atasco al que llega en el seminario (“Los cuatro conceptos….”) sobre la pulsión, modifica las definiciones de sujeto y significante, (“Problemas cruciales…”) y se plantea la nueva operación de juntura, no ya de lo simbólico y lo imaginario, sino de lo simbólico y lo real y aparece el concepto de discurso. Éste es elaborado en los seminarios 12-15. El discurso permite ligar la pulsión al saber del Otro. Teniendo la Lógica del fantasma, Lacan la sitúa, todavía, mediante la topología de superficies, sobre el plano proyectivo: corte que sostiene la banda de la realidad, pero en la que el objeto ya no es el corte del sujeto sino que es el sujeto el corte del objeto.

 Si bien ya tiene la juntura Ello-Inconsciente y la teoría del fantasma como abordaje de lo real, ¿cómo pasarla al aparato psíquico? Hay que efectuar una nueva geometría, que comienza en (“Encore”).

 Lacan había estrujado el cogito de Descartes hasta el límite; ahora va a estrujar su geometría y la va ha hacer estallar. Ya no se trata de que sean tres ejes de igual unidad (los ejes cartesianos), que definen un origen de coordenadas los que definirán el espacio. Lacan los separa, ya que de lo contrario tendríamos los ejes de la lengua o de la lógica, y los articula en un triskel que, cerrando sus líneas, se convierte en un nudo borromeo…En la lengua hay tres ejes, distintos: sintagmático, paradigmático y del habla. En la lógica, igual: axiomático, de reglas y de razonamiento. Pero se supone que se encuentran en un punto común: el hablante o razonante ideal. Eso es impensable para el psicoanálisis, ya que es de eso de lo que hay que dar cuenta.

Dado el nudo como alternativa a la geometría analítica de Descartes, en la que se basa toda la ciencia excepto la relatividad general y la mecánica cuántica, situamos dentro de él, en el centro de la estructura, no al sujeto, sino al abjeto. Nuestra antigua cadena significante, que podremos llamar el cuarto nudo, pasa a ser un recorrido posible (un recorrido del dupe) en el nudo. 

 Para construir el nudo borromeo, Lacan efectúa una operación: convertir los registros en círculos y anudándolos en tres: simbólico, imaginario y realidad (esto se empieza a visualizar en las tres facticidades de la “Proposición del 9 …”), obtiene el primer nudo borromeo. Introdúzcasele ahora un cuarto círculo, el de lo real, mediante las operaciones de Reidmester y de Alexander pero añadiendo una tercera clase de operaciones de discontinuidad o morfogénesis (en la línea de los trabajos de Thom y Vasiliev) y se obtiene un nudo a 4. Es lo que llamamos 3+1: real, simbólico, imaginario y realidad psíquica. Extráigasele el nudo de la realidad por los mismos procedimientos y quedará el nudo borromeo perfecto: lo llama el movimiento nudo. Ahora dicho cuarto nudo de la realidad es el síntoma, estructura que une las dos anteriores de syntoma y fantasma.

 Al mismo tiempo, todo pasa ahora a depender de las distintas maneras de anudarse los registros y no sólo de cómo colusionan. Un ejemplo es que, si quitamos el triskel del centro del nudo, es decir, si una de las posibles nominaciones del sujeto, la simbólica o antigua metáfora paterna, desaparece, entonces, el nudo pasa a ser un nudo de trébol con los registros en continuidad (como ya había previsto Freud) y tenemos la paranoia.

 ¿Son suficientes 4 dimensiones anudadas y curvas para todo? Creemos que no. Debemos añadir una más para situar el registro de lo irreal, y poder pensar el cuerpo en más de 3 dimensiones, si no ¿cómo situar lo que le falta?, el órgano libidinal. ¿Y el tiempo? Si antes el tiempo era los suspiros, doble apertura del grafo de la palabra, ahora debemos construir un nuevo grafo temporal, equivalente al de “subversión del sujeto…” en relación al aparato de la “cuestión preliminar”. Poniendo este nuevo grafo en relación al nudo borromeo.

Dicho grafo debería tener 7+1 dimensiones: 3 para los registros, una para lo irreal, una para la realidad o síntoma, y 3 para el tiempo. Ya desde el tiempo lógico, Lacan nos presentó tres “unidades”, mejor modos,  distintas del tiempo: instantes de ver, tiempos para comprender y momentos para concluir. Pero lo más importante son los “significantes temporales” que no han sido trabajados nunca, excepto “como escansiones”. Si ahora pensamos el tiempo como los tirones, un tipo de significantes temporales, de los registros en el nudo, proponemos pensar las dimensiones temporales como ”enrolladas” alrededor de él en el sentido que se da a ese término en las modernas teorías geométricas; Kaluza-Klein por ejemplo.

Paralelamente, o mejor con anterioridad, a este trabajo debemos construir una ampliación de la operación discurso que incluya más claramente la diferencia entre el registro real y el imaginario, muy superpuestos en dicho matema. Esto último es más fácil y creemos que ya lo hemos conseguido y lo presentaremos a su debido momento en el espacio apropiado.  

*Presentado en Foro Psicoanalítico Barcelona

 
  CORDINADOR: Juan Pablo Sánchez Domínguez
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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